Mujeres 1

Como este es un blog de comida hoy toca hablar de mujeres. Había un episodio de Friends en el que Ross y Rachel hacían una lista de las cinco personas con las que permitirían que el otro se acostara si, por un milagro del destino, alguna vez llegara a planteárseles dicha posibilidad. Esto no es exactamente lo mismo pues no tengo claro si me acostaría con ellas a día de hoy (casi seguro que no), pues buena parte de ellas están o muertas o en el geriátrico, pero sí es una lista de las mujeres que me alimentaron el deseo en algún momento de mi vida. Unas son muy obvias y alguna otra está al borde de lo inconfesable, pero ahí van. A todas ellas las quise mucho. El orden es aleatorio:

Ingrid Bergman: Por supuesto que amo a Ingrid Bergman. Siempre la he amado y siempre la amaré. Además de por las razones obvias me encanta su forma de andar, con eso pasitos cortos y los pies hacia afuera que le daban cierto aire de fragilidad. No tuvo gran reputación entre los norteamericanos cuando decidió irse a Italia y casarse con Roberto Rossellini, pero a mis ojos eso la hizo aún más grande. De haber nacido sesenta años antes (y no en España) creo que habríamos tenido una oportunidad juntos pues yo también habría estado dispuesto a darle una hija a la que habríamos llamado Isabella.

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Gene Tierney: No sé nada de la vida de Gene Tierney. Ni siquiera me he molestado en leerme la wikipedia. ¿Quien lo necesita? ¿Existe mayor prueba de amor que esa, no necesitar leer la wikipedia para declararle tu amor a alguien? Lo mío es incondicional. Me basta con ver Laura una y otra vez para confesarle mi amor eterno. Si yo llevara un reloj de bolsillo me pasaría el día mirando la hora porque llevaría esta foto suya pegada a la tapa.

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Raffaella Carrá: Esta es una de mis inconfesables. Muchos años de insustanciales magazines televiisivos en la RAI han acabado por desprenderla de cualquier resto de glamour. Aún asi confieso que habría perdido la cabeza por esta rubia a la que le explotaba el corazón y que no dejaba de bailar diciendo que para hacer bien el amor había que venir al sur. Supongo que por internet hay millones de fotos suyas que podrían hacer que mi pasión se desmoronase pero yo sólo tengo ojos para esta. No sé si nuestro amor hubiera funcionado, la vida en la carretera, los empresarios del mundo de la canción habrían intentado levantármela constantemente, pero hoy por hoy mis sentimientos hacia ella siguen siendo puros.

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Aitana Sánchez Gijón: Era necesario un toque nacional. Un día, en la calle Princesa de Madrid, mientras atravesaba un paso de cebra ví que el coche que esperaba a que yo terminara de cruzar estaba conducido por Aitana Sánchez Gijón. Deseé haber sido atropellado por ella. Deseé que hubiera tenido que recogerme del asfalto para llevarme al hospital y deseé que, una mezcla de remordimientos y no sé qué más, hubieran hecho que se enamorara de mí durante la convalecencia. No fue el caso. Lástima, creo habríamos encajado aunque en un momento dado ella me hubiera dicho que quería parir a nuestros hijos en una piscina llena de agua. Ya se sabe que las actrices están un poco desequilibraditas.

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Marilyn Monroe: Qué original soy. Marilyn. A veces no hace falta ser original sino rendirse a las evidencias. Marilyn ha llenado buena cantidad de mis sueños y de mis fantasías. Sin embargo mi Marilyn no es la que lanzaba besos a los soldados del ejército americano, mi Marilyn no es la que se follaba a JFK ni a Joe Di Maggio, mi Marilyn no es ni voluptuosa ni llamativa. Mi Marilyn es frágil, es la Marilyn presuicida, madura y triste. Mi Marilyn es la Marilyn que se dejó fotografiar desnuda por Bert Stern poco antes de morir.

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Jennifer Beals: ¿Eres Jennifer Beals? Siempre quise ser el Nanni Moretti del episodio de la vespa de Caro Diario. No tengo ni idea de cómo lo hizo pero cuando Moretti escribió ese guión lo hizo pensando en mi. Me gusta recorrer la ciudad en vespa observando los edificios, recorrer los barrios de las afueras en pleno verano, preguntarle a los habitantes de Spinaceto que porqué viven ahí pudiendo hacerlo en el centro, y encontrarme con Jennifer Beals paseando de la mano de Alexander Rockwell por la ciudad. Y preguntarle a ella si de verdad es ella, y pellizcarme tras escuchar su respuesta, porque nade puede olvidar su forma de bailar en Flashdance. Al igual que a Moretti me hubiera gustado educarme en un colegio de la Emilia Romagna en el que me hubieran enseñado sociabilidad y otras cosas verdaderamente importantes… como saber bailar. Creo que Jennifer dejó a Rockwell y se casó con un empresario canadiense llamado Ken Dixon. ¿Quién sabe? Quizás algún día también se canse de Dixon, se venga a España y se enamore de mi. Quizás algún día…

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Francoise Hardy: Otro amor en blanco y negro. Puedo pasarme la tarde viendo en youtube sus videos de los sesenta. Puedo pasarme la tarde viéndolos una y otra vez incluso sin sonido. Es como un angelito caído del cielo. Aparentemente el menos carnal de todos mis amores aunque, a veces, las apariencias engañan. Era tan etérea, tan perfecta, que he llegado a dudar que de verdad haya existido. Supongo que en la actualidad vive en París rodeada de perros y gatos. Quizás no. ¿Qué sucedería si me presentase en su casa? Querida Francoise, eres una mujer mayor, no estás en condiciones de elegir, yo me ofrezco para cuidarte, para administrarte las pastillas, para calentarte la cama incluso para follarte con la luz apagada. Pero sin besos, o al menos no en la boca.

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Olga Barrio: Olga Barrio no es más que un recuerdo cuasi infantil, el recuerdo de una locutora de Radio 2, especialista en música clásica que llegó a presentar las noticias en Televisión Española (¡qué pasa!, si lo hizo el príncipe también puedo hacerlo yo). Olga aparece en los libros de memorias al lado de gente como Eduardo Haro Ibars, Vicente Molina o Diego Galán. Deduzco que vivió los ochenta columpiándose en el filo y eso la convirtió primero en musa y después en mito. No sé qué edad tendrá a día de hoy. Ni siquiera sé si estará viva. Alguien me dijo que se había casado y que vivía en Alemania, completamente olvidada, en un barrio de las afueras de Dusseldorf. Otros dicen que vive en Chamberí pero que nunca sale de su casa. Otros creen que murió por sobredosis, cáncer de pulmón o que se suicidó. Otros aseguran que aún se la ve en algún concierto en el Auditorio Nacional, escondida detrás de unas gafas grandes y oscuras a lo Jacqueline Kennedy. En internet no hay rastro de ella, ni siquiera una foto que no sea algo escaneado de algún periódico de hace treinta años. Quizás tenga hijos aunque es poco probable. ¿Qué fue de Olga Barrio? Quizás alguien cercano, en algún momento, escriba su nombre en internet, lea este artículo y pueda darme razón de ella. Aunque lo más probable es que eso nunca suceda.

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