Lisboa (I)

Interior noche. Dos tipos comparte asiento en el vagón de un tren. Ambos visten de traje y corbata. Sus muñecas están unidas por unas esposas. El más cercano a la ventana, Richard Kimble, le pide un cigarrillo a su guardián. Kimble fuma y mira a través de la oscuridad de la ventana. Una voz en off con acento sudamericano nos explica la escena.

Nombre: Richard Kimble.

Profesión: Doctor en medicina.

Destino: Patíbulo en la prisión estatal.

Richard Kimble ha sido enjuiciado y convicto por el homicidio de su esposa pero las leyes son hechas por los hombres, ejecutadas por los hombres, y los hombres son imperfectos. Richard Kimble es inocente aunque se le declaró culpable. Lo que Richard Kimble no pudo comprobar es que, momentos antes de descubrir el cadáver de su esposa se topó con un hombre que huía de las cercanías de su casa, un hombre con un sólo brazo, un hombre que aún no ha sido localizado. Richard Kimble medita sobre su destino mientras ve el mundo por última vez y sólo ve oscuridad, pero en esa oscuridad el destino mueve sus hilos.

De repente el tres que tranporta a Kimble y su guardián descarrila. El primero aprovecha la confusión escapa y se convierte en… ¡¡EL FUGITIVO!!

Si les preguntas a tus padres o a tus abuelos posiblemente se acuerden de esta serie de los años sesenta que debió ser de las primeras cosas que se emitieran por la televisión. La versión actualizada sería algo así:

Nombre: El gordo desconsolado.

Profesión: No viene al caso.

Destino: El sobrepeso.

Una torrija enorme vestida de nazarena me persigue después de poner precio a mi cabeza. Corro. Soy un fugitivo desesperado que se sube a un coche y pone rumbo a Lisboa en busca de un lugar en el que ocultarme durante la Semana Santa.

Primera parada: Castella do Paulo.

He oído hablar de La Castella do Paulo. Al parecer se trata de un lugar regentado por un pastelero portugués y una japonesa. Ambos consumen su amor entre azucar y harina haciendo deliciosos pasteles y bizcochos que ofrecen a una selecta clientela portuguesa cansada de los Pasteis de Nata. Como el internet de mi hotel va de culo no tengo oportunidad de meterme en la web del lugar y descubrir que hace un par de meses han cerrado sus puertas y que el local ha sido sometido a una pequeña remodelación. Cuando llego a Alfandega 120 me encuentro con esto.

DSC_0333Lo único que queda de la vieja Castella do Paulo es la pequeña referencia al té japonés. De todos modos, ya que he llegado hasta aquí, entro en el local. Renato Correia es el nuevo propietario y su mujer no es japonesa. Entre panes y pasteles hay un brioche de té verde que llama mi atención. Lo pido. Más que un brioche parece un scone: recio, seco y contundente. Le falta un punto de cocción pues por el centro ha quedado crudo. Como cabía esperar no es demasiado dulce (eso me gusta) y tampoco sabe demasiado a té (eso no me gusta). En la decoración del local aún hay una tetera japonesa y un gato chino con aspecto de Chris Marker que rememoran tiempos pasados.

 

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Si el nuevo Brunch Café pretende mantener la clientela de la Castella do Paulo me temo que no tardarán en darse de bruces con la realidad, sin embargo, si a los clientes despistados que, como yo, lleguen buscando dulces japoneses les da por pedir una tosta mista (hecha con un estupendo pan de semillas y la proporción justa de jamón y queso)  es posible que Renato Correia consiga que su Brunch Café sobreviva.

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